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Como su propio nombre indica, Guatemala -palabra que en nauhátl significa "lugar de muchos árboles"- carece del potencial para el turismo que tienen algunos de sus vecinos caribeños. Sin embargo, pese a carecer de esta importante fuente de ingresos, ha conseguido desarrollar su economía hasta convertirse en el país con mayor PIB de América Central, registrando crecimientos del 3% y el 4% durante los últimos años.

Esto ha sido posible gracias a un sistema productivo muy diversificado, donde la agricultura mantiene su importancia gracias a los cultivos de café, banano y azúcar. Además, destacan otros sectores como la industria textil, la construcción, la alimentación o el transporte. La ubicación geográfica favorece que el Puerto de Santo Tomás de Castilla, orientado al Atlántico, sea utilizado frecuentemente para el desembarco de los bienes industriales que se distribuyen por el resto del continente.

Aunque el país mantiene unas estrechas relaciones comerciales con Estados Unidos, el vínculo cultural con España ha favorecido la actividad de las compañías nacionales. Durante los últimos años, las exportaciones españolas han crecido de manera constante, diversificándose hacia productos de mayor valor agregado como maquinaria, alimentos y bebidas, productos de confección textil y bienes farmacéuticos.

El último Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea ha permitido un descenso paulatino de los aranceles, que actualmente tienen un tipo medio cercano al 7%. No obstante, hay que tener en cuenta que la tramitación de algunos permisos es lenta y compleja. También existe una cierta falta de protección de los derechos de propiedad intelectual e industrial, lo que provoca que a nivel local se copien muchos de los diseños de las firmas extranjeras.

Para las compañías interesadas en implantarse en Guatemala, una opción interesante son las zonas francas, donde pueden disfrutar de exenciones fiscales en el IVA y los tributos que gravan la importación de maquinaria o materias primas. En el resto del territorio, existe un Impuesto de Sociedades con un tipo habitual del 25%, mientras que el gravamen para el consumo es del 12%. Aunque no existe un convenio entre ambos países para evitar la doble imposición, las pymes españolas se pueden beneficiar de la importante presencia de otras firmas nacionales en la región.